Si ya no escribo aquí con tanta asiduidad como antes no es por falta de ganas. Vale, a lo mejor un poco, pero la falta de ganas es consecuencia de que estoy haciendo muchas cosas y hay que sacrificar algunas (como puede ser estudiar para septiembre).
Pa empezar, me compré el Day of Defeat steam para recordar viejos tiempos por cuatro eurípides, que no son dinero, y me dedico a fraguear nazis o aliazos (según) como si no hubiese mañana.
(Ahí soy Battiato pero otros nicks recurrentes, por si alguien más juega, son Nina Hagen Dasz o Judas Pries para qué os quiero)
Y luego todo cambió, porque conocí a Pexter, y Pexter es un grande y yo quiero ser como él y tener el salero que él tiene aunque lo cierto es que es inigualable. Para muestra unos tubos:
Si no os reís es que ni sois casual gamers ni nah.
Y para finalizar esta superentrada cojonuda, otro anuncio: resulta que escribo en OTRO sitio más. No tengo hartura ni medida ni nada, es cierto, pero si queréis estar al día respecto al mundo los videojuegos no debéis dejar de visitar The Pad Today, que está en pañales todavía pero vais a flipar cuando empecemos a meter cosas guapas. Por lo pronto cada jueves meteré una reseñita de las pelis guapas que estrenan ese finde, pa que os gastéis los maravedís en algo productivo.
Edito: btw, en The Pad Today firmo como HocusPocusFocus, por supuesto.
Nuevo y flamante corto, amiguitos. Después de viajar en el tiempo nos enfrentamos al PEOR JUEGO DE LA HISTORIA.
Jugar a REALIDAD(tm) es la peor experiencia que uno puede echarse a la cara: no existe la libertad real y el personaje que manejamos nos es dado sin que podamos decidir si nos gusta ser así o no, y además suele tener más taras que otra cosa. No hay posibilidad de salir de REALIDAD(tm) y además el juego se termina mucho antes de lo que se espera, normalmente sin haber conseguido ningún objetivo de los que te propones al principio.
No esperes más y disfruta de REALIDAD(tm), el peor juego de la historia
¿Pesimista? ¡Tal vez! ¿Realista? ¡No cabe la menor duda! Con las restricciones típicas de "no más de 4 minutos" y "el tema es 'así me veo'" hemos parido este pequeño corto audiovisual para la clase de Cine informativo. Si le gusta a la profesora participaremos en un festival que se celebra en la facultad de ciencias de la información de la UCM el próximo 26 de febrero y para el que ya está seleccionado mi anterior cacharro, Un día en la vida de un viajero en el tiempo.
Como no nos pongan buena nota podríamos incluir en la segunda parte una escena en la que cuatro mataos se curran un trabajo y luego la profesora les suspende.
Wolfenstein 3D es uno de los títulos más importantes en la historia de los videojuegos. Fue desarrollado por la compañía id Software en 1992 y aunque no fue realmente el primer juego de disparos en primera persona sentó las bases de un género que años más tarde seguirían otros títulos como Doom o Quake (en la misma compañía) y que llegan hasta el último Call of Duty.
En este videojuego encarnamos a William “B.J.” Blazkowicz, un soldado americano capturado por las fuerzas nazis y encarcelado en el castillo de Wolfenstein. El jugador toma el control del personaje justo después de que Blazkowicz liquide al guardia que vigilaba su celda y le robe su pistola. Ahora el objetivo principal es escapar del complejo, profusamente adornado con esvásticas y efigies de Adolf Hitler, aniquilando a todo nazi que se ponga por delante; más tarde nuestra misión será acabar con el propio Führer.
La representación del nazismo en Wolfenstein 3D
Los enemigos a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestro periplo escapando de la cárcel y más tarde en pos de Hitler son, al principio, guardias, perros de caza y miembros de las SS. Es en el 2º capítulo cuando aparecen los primeros elementos fantásticos: unos mutantes de piel gris y cañón en el pecho (lo normal) irrumpen en la pantalla y nos atacan sin mediar palabra (como los otros enemigos, es cierto, y también es cierto que todavía no estaba muy desarrollada la inteligencia artificial). Estos mutantes son en realidad los experimentos de un científico loco llamado Dr. Schabbs (sorprende que no usen el nombre del Dr. Mengele), al que nos enfrentaremos al final del capítulo y que constituyen el reflejo del mito del superhombre y los experimentos nazis en el videojuego. Los mutantes representan un estadio bastante avanzado de la búsqueda del übermensch pero que todavía no ha llegado a su cenit.
Tras derrotar al Dr. Schabbs empezamos el tercer y último episodio del juego, que se desarrolla bajo el Reichstag. Poco antes de enfrentarnos a Hitler, en la última pantalla, hacen su aparición unos extraños seres: tienen el rostro del führer, visten túnicas negras, flotan a un palmo del suelo, y nos atacan lanzando bolas de fuego. Si con los superhombres mutantes los desarrolladores había dejado de lado la realidad aunque se seguían basando (muy libremente) en ella, aquí decidieron que no merecía la pena andarse con justificaciones de ningún tipo y tiraron por el esoterismo pasado de vueltas colocándonos unos cuantos monstruos porque sí.
Una vez sorteados todos los peligros anteriores nos enfrentamos al último desafío: el mismísimo Hitler se presenta ante nosotros. Pero si el jugador espera ver un Hitler parecido al de El triunfo de la voluntad quedará decepcionado: el Adolf Hitler de Wolfenstein 3D viste una gigantesca armadura robótica con cuatro ametralladoras acopladas. El Führer es un hueso duro de roer y tras quitarle el traje especial seguirá disparándonos. Cuando le acribillemos lo suficiente dirá “Eva, auf wiedersehen” y, literalmente, se descompondrá ante nuestros ojos para convertirse en un amasijo de carne y huesos. Entonces aparecerá la “deathcam” que nos mostrará una repetición de la jugada, recreándose en la desintegración de Hitler.
Hilando muy fino puede relacionarse la armadura mecánica de Hitler con las “armas maravillosas” de las que hablaba la propaganda nazi durante la Segunda Guerra Mundial, señalando una superioridad clara entre los dos contendientes de la batalla final y que responde a la necesidad de que el nivel de dificultad del videojuego crezca a medida que se avanza en él.
Todos los elementos anteriormente citados tienen relación en mayor o menor medida con el ocultismo nazi. El gusto o interés por el ocultismo nazi lleva décadas vivo, y se asienta en diversas bases y fuentes contrastadas, como pueden ser la existencia de la sociedad Thule o el gusto sabido de muchos altos mandos nazis por temas esotéricos, pero también en otros muchos hechos no contrastados que se han convertido en leyendas urbanas y en parte del imaginario colectivo relacionado con el nacionalsocialismo que llevan a más de uno a fantasear sobre ello hasta límites insospechados.
Estos hechos y rumores se han difundido de diversos modos a lo largo del tiempo, siendo uno muy destacable el medio audiovisual con películas como En busca del Arca perdida y posteriormente La última cruzada, por ejemplo. Los elementos que aparecían en ellas, incluyendo al propio Indiana Jones, bebían más de las pulp magazines de principios de siglo y de la imaginación de los diversos autores que de los hechos históricos fiables. El mismo Indiana Jones protagonizó en mismo año de la salida de Wolfenstein 3D el videojuego Indiana Jones and the Fate of Atlantis, en el que los nazis buscan un extraño material llamado orichalcum, más poderoso que el uranio, y que se encuentra en la hundida Atlántida, que a la postre es otro de los objetivos que, supuestamente, querían conquistar los nacionalsocialistas.
Como en estas otras representaciones audiovisuales, el hecho es que Wolfenstein 3D no tiene intención de reflejar la historia fehacientemente. No se trata de hacer un documento para su consulta en futuras investigaciones de gran calado o intentar hacer un producto audiovisual veraz como podría serlo El hundimiento, ni mucho menos. En la página web de id Software hacen referencia a que el juego pudo tener tanto éxito porque su objetivo era simplemente liquidar nazis. Se sabe que durante el desarrollo del juego se incluyó la posibilidad de sorprender a los soldados nazis y asesinarles sigilosamente por la espalda, pero esta opción no apareció finalmente en el juego porque los desarrolladores querían darle más empaque al hecho de avanzar y aniquilar sin tener que pensar mucho más. En realidad, la intención de Wolfenstein 3D es conseguir que el jugador se entretenga, se divierta y no se aburra, y sin duda lo consiguieron aunando una jugabilidad simple pero muy efectiva y novedosa con una fantasía atractiva y un mundo estimulante.
Pero eso mismo incluyeron a los nazis como enemigos, cuando en realidad cualquier otra cosa podría haber servido. Bien podrían haber sido comunistas, o directamente monstruos del espacio exterior(como veríamos más tarde en el Doom), pero la elección de los nazis aportaba dos líneas de desarrollo muy interesantes y estimulantes para el jugador: la inclusión de elementos fantásticos más o menos justificados que llaman la atención por su popularidad y su cercanía y la identificación con el héroe que se enfrenta y derrota a Hitler, la personificación del mal que ha calado en la cultura popular.
Es evidente que muchas creaciones de ficción han influido en la visión que se tiene actualmente del nazismo, y Wolfenstein 3D puede ser considerada una de ellas (y, cuantas más haya, más se refuerza esta visión), pero los videojuegos no gozan de la credibilidad en temas históricos que tienen otros medios, como el cine, tal vez precisamente porque es el jugador quien cambia los hechos de la historia y es consciente de ello, mientras que en el cine la representación que nos dan sus creadores es la que hay y el espectador concede al sus responsables cierta credibilidad.
La representación de la historia y de la figura de Hitler que aparece en el videojuego Wolfenstein 3D es totalmente libre e incluye elementos fantásticos que jamás ocurrieron, lo que podrían llevar a interpretar el título como una ucronía al estilo de Malditos bastardos. El carácter del videojuego, ideado como entretenimiento sin ninguna pretensión didáctica o de fidelidad hacia la historia hacen que la importancia de su escasa veracidad sea relativa tirando a nula. Si os han entrado ganas de jugarlo, experimentar en vuestras propias carnes el inicio de uno de los géneros de videojuegos más populares y convertiros en unos masacranazis sin ningún tipo de remordimiento podéis descargarlo aquí.
Este post ha quedado tan sesudo porque es en realidad un trabajo que presenté el cuatrimestre pasado para la asignatura Relatos históricos audiovisuales, que como os habréis dado cuenta va sobre la representación que se hace de la historia en los distintos medios audiovisuales.
De Teruel, más concretamente. Se llamaba Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz (Segundo de Chomón para abreviar) y fue una de las grandes figuras del cine patrio y europeo cuando el séptimo arte daba sus primeros pasos.
¡Sorprendido debe estar Borja Hermoso al descubrir que ya en 1908 se usaba el stop motion! Chomón participó en más de cien producciones no solo como director (empezó coloreando películas en blanco y negro) y su legado es tan importante que llega hasta donde menos te lo esperas:
El video pertenece a Game play gag, página de Manuel Garin, en la que se comparan películas primigenias con videojuegos que, 100 años más tarde, recogen su testigo.
Y, efectivamente, se compara el trabajo de Chomón con el PacMan dando un curioso resultado.
Otro más -> Mario Keaton:
La leche en verso. El resto de videos en Game play gag.
Si os ha picado la curiosidad y queréis saber más sobre Segundo de Chomón podéis visitar este link de la Enciclopedia Aragonesa. Para ver sus creaciones basta con teclear su nombre en youtube y aparecerán cosas como El escarabajo de oro. Si lo hacéis en dailymotion encontraréis, entre otras, este El escultor moderno. A disfrutarlo.