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lunes, 3 de agosto de 2009

Arrástrame al infierno

¿Cansado del cine actual? ¿De no ver desde hace mucho tiempo nada realmente diferente? ¿De tener cuatro remakes y dos secuelas en cartelera? ¿De que las películas de terror sigan el mismo patrón, los mismos sustos, y tengan el mismo final? Esta es tu película.

Entre 1981 y 1992 Sam Raimi se ganó a pulso un nombre como director de culto. Su saga de Evil Dead (Posesión infernal, Terroríficamente muertos y El ejército de las tinieblas) se convirtió en un referente para los aficionados al terror, el gore y el humor, una estupenda serie B rodada con cuatro duros que todo el mundo debería ver. Con el paso de los años, Raimi tuvo que dejar un poco de lado su faceta más independiente y se adecuó a lo que las productoras le exigían. La saga de Spiderman es un claro ejemplo de esta asociación del director con productoras grandes y proyectos multimillonarios.

Durante muchos años los fans que se enamoraron de la serie B pasada de rosca y sin convencionalismos de los primeros años de Raimi sentían que su ídolo se estaba perdiendo, de algún modo, en los recovecos del Hollywood más comercial. Todos, en mayor o menor medida, esperaban una vuelta al Raimi ochentero que les había enamorado y que se dejase de tanto Spiderman. La espera ha terminado, amigos.

Arrástrame al infierno (Drag me to hell) es un trabajo muy personal, a pesar de lo que pueda parecer por el trailer y la campaña publicitaria que han hecho de la cinta, que la equiparan a tantas otras películas de terror con las que no tiene nada que ver. Todo aquel que ha ido a ver la película con ganas de asustarse, buscando un The Ring o una de terror asiático han salido absolutamente decepcionados. Porque Sam Raimi es otra cosa, sobre todo cuando le dan cancha, como esta vez.

No es que sea una película perfecta, pero tiene todos los ingredientes para ser una GRAN película, un entretenimiento DE VERDAD, para pasar una hora y media realmente espectacular, divertida y que al final deja la sensación de no haber tirado 6 euros a la basura. Es una vuelta a los orígenes, una película bien hecha, alocada y que no da un segundo de respiro, con un montón de escenas a lo coyote y correcaminos, solo que con un poco más de gusanos y líquidos extraños manando de la boca de los personajes. Y unos cuantos sustos, por supuesto, y posesiones infernales, y seres horribles, y cabras que hablan, y rituales de exorcismo.

Antes de ir a ver Imago Mortis, Harry Potter o el remake este del tren de Walter Matthau pensadlo dos veces. Si os gusta Rasca y Pica, Evil Dead y queréis ver banqueros pasándolas realmente putas, aquí tenéis una película poco habitual y muy pasada de vueltas con la que podréis decir "ey, por fin algo DIFERENTE". No os vais a arrepentir. Absténgase gente que se tome las cosas demasiado en serio.